miércoles, 9 de julio de 2014

Petirrojo, de Jo Nesbø


Entre los variados puntos fuertes de la novela negra nórdica se suele valorar su capacidad para retratar las sombras de una sociedad que desde el sur solemos ver como idílica. En el caso de Petirrojo esta denuncia se centra en un país con sus corrupciones, sus chapuzas y sus crímenes (es decir, más parecido al nuestro de lo que podríamos pensar), pero la novela de Jo Nesbø sobre todo puede leerse como una desmitificación de la Resistencia noruega.

Esta labor de reescritura histórica ya tiene una larga tradición en Francia, y hace unos años descubrimos gracias a El libro negro que la lucha antinazi de los holandeses también había pasado por su proceso de embellecimiento. Nesbø nos cuenta que de igual manera en Noruega hubo colaboracionistas, aprovechados y oportunistas. Y que el país no ha sabido tratar con este oscuro pasado, sino que ha preferido mirar hacia otro lado y pensar que todos fueron héroes (y los que no, pagaron su culpa). Pero para Nesbø el pasado siempre vuelve a reclamar sus deudas.




Este trasfondo histórico da una profundidad a la novela ausente en las propuestas más comunes y rendidas al más puro entretenimiento. Pero es que si consideráramos Petirrojo sencillamente como una novela de intriga, también pasaría la prueba con nota. Provoca esa ansiedad típica de las tramas que van de sobresalto en sobresalto, con una sabia administración del misterio y las revelaciones. De hecho, es uno de esos libros en los que el lector se vanagloria de haber descubierto las sutiles pruebas sembradas por el camino para reconocer al asesino... solo para darse cuenta de lo engañado que estaba.

El personaje de Harry Hole se pasea por el peligroso alambre del lugar común (en el que no falta la dipsomanía), pero Nesbø le dota de un verdadero carácter, de capas de contradicción y humanidad. Lo mismo pasa con el resto de personajes, perfectamente identificables dentro del arquetipo, pero a a su vez creíbles, de carne y hueso. Los diálogos son vivos, directos, siempre justificados en el marco de la acción. Así que el lector no tiene más remedio que seguir avanzando con tantas ganas de llegar al final como de que no se acabe el libro.

Editorial RBA
Traducción de Carmen Montes

No hay comentarios:

Publicar un comentario