lunes, 29 de septiembre de 2014

El caballero encantado, de Benito Pérez Galdós


Uno de esos lugares comunes acerca de la literatura que no por tópicos dejan de repetirse (ni de ser ciertos) habla de autores que siempre escriben el mismo libro. Sin embargo, también se da el caso de escritores que, pese a tener una obra inconmensurable, tienen la capacidad de sorprender al lector en cada una de sus entregas. Este es el caso de Benito Pérez Galdós. Si al leer La incógnita descubrimos en él a un pionero de la novela detectivesca en castellano, en El caballero encantado Galdós enriquece su imagen de maestro de la novela realista al concebir un libro fantástico, en todos los sentidos.

Es cierto que en la última serie de sus Episodios Nacionales Galdós había experimentado con métodos narrativos más simbólicos y fantasiosos, pero una novela como El caballero encantado va más allá de lo que la imagen habitual que tenemos de este autor nos dejaría imaginar. Hay encantamientos, transfiguraciones, incluso batallas con gigantes. Efectivamente, el influjo del Quijote, siempre presente en su obra, se manifiesta aquí en su vertiente más irreal (incluso se recurre al manuscrito perdido como fuente de la obra).




El personaje, por llamarlo de alguna manera, más singular del relato es la Madre, algo así como la encarnación del espíritu nacional. Esa madre dolorosa que hoy en día se puede interpretar con la misma pertinencia. Si el relato de la España de principios del siglo XX nos suena inquietantemente familiar, esta madre que pone a cada uno en su sitio y da lecciones de moral no es solo un artificio del genio literario, sino algo que nos es totalmente ajeno, por continuar con el estilo metafórico.

A El caballero encantado se le podrían achacar algunas debilidades estructurales y cierta gratuidad en los sucesos, pero hay que leerlo como suponemos que lo escribió Galdós: como un capricho, un disparate que no hay que tomarse demasiado en serio, pero que proporciona agradables momentos de lectura. Además, como no podía ser de otra manera, el libro está escrito con el insuperable estilo galdosiano, prodigioso en los diálogos y con una sobrenatural capacidad inventiva y para la frase redonda.

Editorial Akal

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