miércoles, 17 de septiembre de 2014

Nobles y rebeldes, de Jessica Mitford


Cualquier librería inglesa que se precie dedica una sección específica a las hermanas Mitford, que no solo recoge las extraordinarias novelas de Nancy o la obra de Jessica, sino gran cantidad de biografías, ya sea consagradas de manera individual a cada una de sus apasionantes vidas, o de manera conjunta. Aunque para hacer justicia a la saga familiar un solo volumen parece escaso: ni el guionista de Downton Abbey en sus momentos de mayor desvarío se puede acercar a lo que en realidad hizo esta pandilla de excéntricas.

En Nobles y rebeldes apenas podemos atisbar algo de la locura que gobernaba a esta familia. Por mucho talento, gracia y conocimiento de primera mano que tuviera Jessica Mitford, el lector solo puede hacerse una idea ligera de lo que era su casa. Si Nancy fue una precoz autora satírica que escribió algunas de las mejores novelas cómicas (aunque quizá sea innecesario añadir el adjetivo) de su época, en el hogar solariego de Swinbrook se juntaron las muy nazis Diana y Unity Valkyrie y Deborah, quien llegaría a ser duquesa de Devonshire. Junto a ellas, unos padres parecidos a esos aristócratas que aparecen en las novelas de Evelyn Waugh y que al lector le pueden parecer unos personajes demasiado buenos para ser reales.




Jessica retrata a todos estos especímenes sin recato, exponiendo al público sus características más escandalosas, pero siempre con cariño, incluso cuando habla de Unity, de quien las diferencias ideológicas la habían separado irremediablemente. Siempre da la sensación de que están tramando un juego de niños, y cuando la propia Jessica se hace comunista parece movida más por el espíritu de diversión y de rebeldía que por verdadera conciencia social. Por eso seguimos admirando a Nancy, aunque sea presentada como modelo de superficialidad y esnobismo: está en su sangre.

En la segunda parte del libro Jessica se aleja de su casa, pero no de las aventuras disparatadas. Junto a su marido (que también es su primo segundo, y comparte la chifladura familiar) vivirá las experiencias más imprevisibles, desde su visita a una España en plena Guerra Civil hasta sus diversos trabajos en Estados Unidos, donde compaginaban tareas como la de vendedores de medias con visitas a lo más granado de la sociedad americana. Hay mucha gente trastornada, lo sabemos, y unos cuantos escritores de categoría, pero es raro que ambas condiciones se den en una misma persona. Habrá que aprovecharlo y disfrutar de una familia con el don de la gracia.

Editorial Libros del Asteroide
Traducción de Patricia Antón

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