viernes, 31 de octubre de 2014

La historia de Samuel Titmarsh, de William M. Thackeray


No vamos a entrar en disquisiciones sobre religión o sociología, pero lo cierto es que en las novelas victorianas lo habitual es que una suma importante de dinero (que suele llegar a través de un testamento o un legado inesperado) soluciona todos los problemas. Sin embargo, en La historia de Samuel Titmarsh y el gran diamante Hoggarty el dinero, simbolizado en el diamante del título, es una fuente de desgracias capaz de arruinar vidas y de provocar todo tipo de desgracias.

Se podría decir, por tanto, que William M. Thackeray ejerce como moralista de su época. Lo cual es cierto (y está expresado de manera explícita), pero incompleto, pues las lecciones del libro se pueden aplicar de manera directa a la sociedad actual. Y no hace falta ningún esfuerzo interpretativo, todo está ahí, expresado de manera literal, incluidas las advertencias para no caer de nuevo en las mismas jugarretas, pero por lo visto los consejos del pobre Thackeray no han tenido ninguna efectividad.




La primera parte de La historia de Samuel Titmarsh es de una comicidad irresistible. Thackeray era un maestro no solo del punto de vista, sino que también tenía una gran habilidad para meterse en la piel de sus personajes y expresarse a través de ellos con la mayor eficacia. Titmarsh, además del protagonista es el narrador de su propia vida, y su estilo es tan natural como directo, chispeante y coloquial sin ser vulgar. Así, las metáforas, como ese diamante que ejemplifica todo lo que de superfluo e hipócrita había en la sociedad victoriana, se integran de manera sutil, sin llamar la atención.

En la segunda parte Thackeray se pone serio y la historia de Titmarsh se torna en tragedia. Son evidentes las concomitancias entre Thackeray y Dickens (evidente tanto en detalles como el uso de nombres extravagantes y de doble sentido, como en algunos espacios comunes en ambos autores), pero aquí se hace todavía más claro cuando el narrador invoca a Dickens como referente. Y, de la misma manera que Dickens, Thackeray es capaz de combinar humor y drama sin estridencias, con genio y tiento.

Editorial Periférica
Traducción de Ángeles de los Santos

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