miércoles, 30 de septiembre de 2015

Ecuatoria, de Patrick Deville


Ecuatoria es uno de esos libros que pueden volver locos a muchos críticos, incapaces de etiquetarlo en un género o un estilo determinado. Al principio parece uno de esos reportajes muy personales, tipo Kapuściński, sobre la descolonización africana. Pero pronto nos encontramos con que Patrick Deville, muy a la manera de Plutarco, desvía su atención hacia las vidas paralelas de los exploradores Brazza y Stanley. Y eso solo es el principio. También tendremos instructivos repasos de historia y apuntes del natural en los que el propio autor se convierte en el centro del relato.

Ni tan siquiera el viaje que emprende Deville, y que el título mismo del libro parece prefigurar, se atiene a una trayectoria predecible. Cierto que aproximadamente sigue la línea del ecuador a su paso por África de este a oeste, pero Deville se permite excursiones que van desde Argelia hasta Cuba. También la multitud de personajes que habita en Ecuatoria es de lo más variado, pues además del constante juego de las vidas paralelas de nativos, exploradores y colonizadores, también nos encontramos con invitados tan diversos como Bogart o el Che Guevara.




Pero lo más asombroso del libro es la coherencia con la que Deville sabe dotar a tal popurrí de elementos y protagonistas. Siguiendo la guía maestra de Brazza y Stanley, el recorrido se enriquece con los afluentes que van trazando las particularidades de un lugar del que, sinceramente, conocemos poco. ¿Cuánta gente no sabrá algo tan básico como que existen dos Congos? Con este punto de partida, es fácil extraviarse, y sin embargo Deville es un excelente guía que nos acompaña por los tumultuosos avatares de la reciente historia del África central.

Porque Deville no tiene que preocuparse por las restricciones de los críticos. Con un saber acumulado a lo largo de años de investigación (o, simplemente, de vida) y una escritura libre pero de alguna manera controlada, el autor es capaz de dejarse llevar y al mismo tiempo de tener muy claro a dónde quiere llegar. Por eso el lector nunca se perderá, y aunque habrá momentos de desconcierto, incluso de desasosiego, tendrá por cierto que el viaje habrá merecido la pena.


Editorial Anagrama

Traducción de José Manuel Fajardo

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