viernes, 11 de septiembre de 2015

Tantos días felices, de Laurie Colwin


Tantos días felices parece un libro escrito a la contra. Para empezar, Laurie Colwin se sitúa del lado de los personajes masculinos para retratar su desconcierto ante las mujeres. Y no se trata tanto de la liberación de los 70 como del contraste entre la imagen idílica que estos hombres se han hecho de la mujer, así, en abstracto, como del verdadero choque que supone para ellos enredarse con mujeres de carne y hueso que son perfectas, pero tan complicadas...

Porque Guido y Vincent son personas normales. Ricos y exitosos, pero estrictamente convencionales en sus ambiciones y sus actitudes. Pero Holly y Misty son otro cantar. Holly es impecable desde cualquier punto de vista, ya sea su peinado o sus modales, pero fría e impenetrable. Misty por su parte es independiente,  iracunda e incapaz de mostrar sus sentimientos. Efectivamente, como si fueran hombres. Los papeles se han cambiado y nadie tiene muy claro cómo reaccionar.




Pero este nuevo reparto de los roles personales (todavía no de los sociales) no es la única bomba que coloca Colwin en su novela. Atacando el nuevo convencionalismo que suponía la ruptura de las reglas, Colwin apuesta por un desconcertante romanticismo, todavía más revolucionario por su sencillez y sinceridad. Y por si fuera poco, Colwin se atreve a ser optimista, toda una declaración de intenciones frente a la literatura seria y respetable.

Lo cierto es que Colwin tuvo el valor de escribir un libro ligero y feliz sin necesidad de pedir perdón por ello ni de evocar grandes figuras protectoras. Sus personajes pueden ser complejos y contradictorios sin necesidad de ser retorcidos, y su humor puede impregnar cada página sin hacerse notar. Las cosas están cambiando, pero no dejemos que los que no se enteran de nada lo arruinen todo.

Editorial Libros del Asteroide

Traducción de Marta Alcaraz

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